El funambulista


Ahí estaba yo… Un gran abismo a mis pies y mi cuerda. La de siempre. La que tantos años me ha acompañado en esto. Estoy nervioso pero sobre todo estoy muy triste. Es la última vez que voy a cruzar un barranco como este, la última vez que voy a poner a prueba mi equilibrio y mi coordinación. Mis nervios. Una vez que esté al otro lado -que lo estaré- todo habrá terminado para siempre. Aún no me lo creo. Y no quiero. No quiero dejar de hacer esto. Muchas veces he estado al borde de la muerte, a punto de caer, pero aún asi esto es mi vida. No comprendo por qué he de dejarlo. No soy mayor ni tengo ningún impedimento. Tampoco sé por qué lo hago. No me gusta. Y pocos son los que saben que me dedico a esto en mis ratos libres, es un secreto… Mi trabajo es otro. Un trabajo normal con el que gano dinero y me busco la vida. Sigue leyendo

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La cima


Llegué a la cima hará un par de dias. Según la planificación inicial debería estar ya descendiendo, sin embargo no puedo evitar el seguir sentado contemplando la luna. Esa misma luna que tantas noches ha compartido conmigo y a la que tantas cosas le he preguntado a lo largo de mi vida… Esta noche era diferente. Esta noche desde la tranquilidad de aquella montaña me sentía especialmente conectado a ella.

Los pocos compañeros de viaje que había tenido en el ascenso ya no estaban a mi lado y si lo estaban yo no era capaz de percibirlos. De cualquier forma Sigue leyendo

Forever Young


Recién cumplidos los 30 años es momento para pensar. No digo mucho, simplemente pensar un poco. Unos segundos.

Desde siempre, desde que yo recuerdo, he pensado que la juventud era algo que no terminaba nunca. O en su defecto, que terminaría, pero un dia muy muy lejano… Pues bien, ese día ha llegado. El carnet joven no me vale. En alguna ocasión me llaman “señor” por la calle. He sobrepasado la edad recomendada para donar semen. Mis amigos se casan, algunos incluso tienen hijos. Y yo, sigo con la misma mentalidad que con 20 años. Para mi siempre la urgencia de mis deseos inmediatos ha sido una prioridad, sin dejar de pensar en el futuro, pero con la visión puesta en el ahora y en mis necesidades. Hoy por hoy esto sigue siendo exactamente igual. A diferencia de que he desarrollado una capacidad para valorar otras cosas: las personas que me rodean, las circunstancias, la familia, los amigos. Ya no aguanto las fiestas como con 18 años. Mi capacidad de recuperación física y mental es más lenta. A pesar de todo me considero una persona más completa que hace 10 años y con el espíritu intacto. Aunque todo a mi alrededor cambie yo no veo el motivo para cambiar cuando mi objetivo sigue siendo el mismo: Experimentar, descubrir y vivir. De ahi que esté como pez en el agua trabajando como investigador y de ahi tambien mi necesidad constante de viajar y conocer gente, de probar cosas y de seguir exprimendo al máximo cada uno de mis sentimientos y mis emociones. Atrapado con 20 años en un cuerpo de 30. Puede… ¿A quien le importa?.

Replegando las alas


Volvió a salir el sol, tras una larga noche de 3 meses, sólo iluminada por algun relámpago procedente de las numerosas tormentas que se sucedieron. En cuanto noté el primer rayo de luz solar en mi rostro busqué un lugar cercano para posarme. Llevaba toda la noche volando, pero no fue hasta que plegué mis alas cuando me dí cuenta de lo cansado que estaba, de lo condolidas que las tenía, de hecho estaban llenas de grietas, el sólo reflejo de la luz del sol en la luna habia sido suficiente para resquebrajarlas en parte. Fue entonces cuando entendí que volar tanto y tan alto tiene un precio que no se si estoy dispuesto a pagar.

Me acomodo sobre la roca más alta de la oscura montaña para ver amanecer. Disfruto de cada momento de esa espectacular salida de sol. Por un instante pienso que no es necesario quemar mis alas, que quizás lo más sensato sea replegarlas e ir a pie, como hace la gente, y como yo siempre había hecho anteriormente. Pero pronto me doy cuenta de que estoy ahí sentado simplemente para recuperar el aliento y para ser consciente de que el sol puede quemar mis alas, será cuestión de controlar la altura del vuelo…..

La memoria y el olvido


Hace algunos años ya, cuando yo tenía 12 o 13 años en el colegio nos hicieron un test psicológico en la sala de ordenadores. Se trataba de una clase para tener entretenidos a los pocos alumnos que no cursábamos valenciano. Algo de poca importancia solo para tenernos distraídos sin molestar mientras el resto aprendían un idioma. Las preguntas eran sospechosamente fáciles, del estilo de “de que color es la imagen que estas viendo”, “hacia donde apunta la flecha que ves”, etc… Sin embargo tenia truco. Y es que tras completar una larga serie de estas preguntas venían detrás las metapreguntas, es decir, preguntas relativas a las preguntas contestadas, del tipo “¿que has respondido en la pregunta 6?” o “¿Cuantas preguntas había en el test hasta ahora?”. Curiosamente algunas de estas metapreguntas me fueron muy fáciles de contestar y otras era incapaz. ¿A que se debía?. Personalmente me pareció muy curioso aquel programa informático tan rudimentario y ya por aquellos entonces yo me planteaba el ‘por que’ de todo. Para suerte mía aquel software respondió a mis dudas y fue algo que me pareció tan interesante que unos 15 años después lo sigo recordando (no lo he olvidado por motivos que explicaré a continuación).

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