La Ciencia no es suficiente para explicar la realidad


Compañeros. El día ha llegado. Ha llegado el momento de decir alto y claro: La Ciencia no es suficiente. Hace falta algo más. Algo más para explicar claramente la realidad. Algo más para que la gente tenga claro al 100% cómo es el mundo en el que vivimos, qué de toda la información que llega es real y cual no. Hoy en día con tantas noticias en la red, con tanta gente compartiendo cosas en Facebook y Twitter. La Ciencia no es, ni debe ser, ni puede ser, la única herramienta con la que explicar la realidad.

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Y es que vemos a gente diciendo que la homeopatía no funciona porque el número de Avogadro no se qué, gente que dice que a ellos les funciona. Personas que dicen curar el cáncer con plantas, mientras otros aseguran que la quimioterapia es la única solución hasta el momento. Otros nos cuentan sus experiencias con el Reiki, a la vez que médicos aseguran que es un timo. Gente que teme a lo químico o transgénico aportando miles de enlaces a foros y estudios de Greenpeace y profesionales de la Ciencia que nos cuentan que no hay nada que temer en estas tecnologías…

Lo peor de todo es que las batallas que se libran en redes sociales son encarnizadas. La gente se enfada realmente. Alguien publica en Facebook un estudio científico diciendo que existe una dieta anticáncer (o lo contrario: que no existe y que es un timo) y de repente se ve obligado a pasarse las próximas horas respondiendo a los 50 comentarios de “amigos” ofuscados y a tratar de aportar pruebas, a favor o en contra, en forma de blogs o artículos científicos; para al final, acabar perdiendo un par de amigos virtuales e irse a hacer la cena encabronad@.

¿Es que de repente somos todos nutricionistas? ¿Y médicos? ¿Y además todos nos creemos en posesión de la verdad absoluta? ¿Nos va la vida en ese debate? ¿Hay que convencer a la otra persona de que es un/a neci@? ¡Pues claro! ¡claro que sí! Lo podemos ver cada día en las redes sociales. A la gente se le enfría la cena por debatir si la acupuntura es efectiva o es un cuento chino. Llegamos a la cama cuando nuestra pareja ya lleva dos horas durmiendo porque alguien ha dicho en Twitter que las constelaciones familiares no tienen base clínica y nosotros debíamos dar nuestra opinión para sacar de su error a la gente que opinaba diferente.

¿Por qué demonios es tan importante tener la razón? Tan tan importante que NUNCA, NADIE, quiere ceder.

Según los psicólogos cognitivos, la forma en la que entendemos el mundo que nos rodea, se compone de certezas y creencias (en todos nosotros) y ambas construyen nuestra realidad y van amoldándose a los nuevos datos que nos llegan, pero una vez se establecen, forman ya parte de nuestra referencia del mundo. Toda sensación que experimentemos desde entonces tenderá SIEMPRE a validar nuestras creencias (por absurdas que sean) y a invalidar lo contrario. Por eso uno siempre ve claramente argumentos para las cosas en las que cree y no los ve para las de los demás. Por eso la gente rara vez cambia de opinión y mucho menos por Internet. Según el psicólogo -y premio Nobel- Daniel Kahneman, esto ocurre porque evolutivamente es menos costoso energéticamente (y más útil) aferrarse a una proyección interna errónea (aunque aproximada) del mundo que cambiarla constantemente ante la evidencia.

Vale, y llegados a este punto: ¿Qué hacemos para llegar a un acuerdo entre posturas enfrentadas sobre la realidad? Normalmente nos encontramos con dos posturas opuestas. Pongamos el ejemplo de actualidad del Dr. Mulet y la Sra. Milá. Uno de ellos aportaba una serie de argumentos (mejores o peores) para rebatir la hipótesis (término que deberíamos empezar a usar en lugar de “teoría”) sobre la enzima prodigiosa y por la otra parte nos encontrábamos con una serie de descalificativos personales que pretendían ser una defensa de dicha hipótesis. Bien. En este caso es más que obvio que hay un desnivel entre las dos maneras de defender las posturas. Es evidente. Se trató de una falacia ad hominem que el público detectó rápido. Pero os voy a decir una cosa. Cuando se debaten temas de Ciencia o temas sobre la realidad de las cosas, sea cual sea la manera en la que se haga, en el momento en el que hay dos posturas opuestas (como era este caso, o como es cuando alguien afirma que una terapia funciona y otra persona dice que no), SIEMPRE, y repito, SIEMPRE existe un desnivel entre ambas defensas porque son INCOMPATIBLES y una de ellas está equivocada por alguna razón. La tierra no puede ser plana y redonda a la vez. Los objetos no pueden caer hacia abajo y hacia arriba al mismo tiempo. Las terapias con flores de Bach no pueden ser útiles y un engaño a la vez. Sólo una de las dos posturas es la correcta -como máximo- (véase la falacia del punto medio). En el caso del programa de Risto, se veía claramente cual era incorrecta, porque el argumento de Mercedes iba con las plumas del pavo real de la invalidez argumental, pero hay otros debates en los que las falacias (o incorrecciones argumentales) pasan más desapercibidas para el público general, o son más difíciles de detectar.

Y es aquí cuando llego a la conclusión de que con la Ciencia sólo no vamos a ninguna parte. Llegas tú, persona X, que te has pasado 6 años estudiando Medicina, que has hecho un Máster de 2 años en neuroanatomía, y también acabaste tu Doctorado y entras en un debate público con una persona que afirma que el cuerpo humano tiene unos canales de energía que se distribuyen a través de unos puntos especiales que son los chakras. Amablemente haces ver que eso no es cierto, que has visto por dentro a muchas personas en tu carrera profesional, que los has sometido a pruebas físicas, electromagnéticas y químicas y que no hay absolutamente nada que evidencie esa hipótesis; además, muestras para justificar tus respuestas diversos estudios científicos al respecto publicados en Science. Tu adversario en el debate responde 4 cosas: 1) La Ciencia no lo sabe todo y además muchas veces se equivoca, 2) A mi me funcionan las terapias que aplico mediante los chakras, 3) A las farmacéuticas no les interesa que se cure a través de la energía y por eso lo niegan y 4) Hay un famoso médico que está de acuerdo con lo que digo y aquí traigo sus estudios científicos que lo demuestran mediante la física cuántica.

Bien. Me cuesta ser capaz de desglosar cuantas falacias hay en esas cuatro afirmaciones. Ninguno de esos argumentos tiene la más mínima validez. Empezando por que el hecho de que un cuerpo de conocimiento no pueda resolverlo todo no invalida lo que sí sabe (y mucho menos da por bueno lo opuesto) (falacia ad ignorantiam), siguiendo por el “a mi me funciona” que denota una inmensa falta de conocimientos sobre estadística y ensayos clínicos (ver imagen 1 más adelante) pasando por una falacia ad pupulum, y no dejándose atrás otra falacia ad verecundiam y el viejo truco de llamar “estudio” a cualquier cosa que cualquier persona diga, sin el rigor de un estudio científico real (ver imagen 2) y todo ello para conseguir la EQUIDISTANCIA.

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Imagen1: Fases necesarias para determinar la efectividad de un tratamiento. Que una sola persona no sea suficiente para establecer si un tratamiento funciona es por algo.
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Imagen 2: Características de un estudio científico real. Tras esto es analizado por revisores anónimos e independientes y publicado en revistas científicas bajo el ojo crítico de la comunidad.

Y aquí está la clave señores, en conseguir introducir la sensación de equidistancia sin que nadie lo note. Mediante falacias e inexactitudes dar la sensación de que ambas posturas están al mismo nivel. Y es que el público general tampoco tiene por qué notarlo. Si a mí me presentan dos argumentaciones, con papeles, referencias, etc… Y no entiendo de Ciencia, ¿cómo voy a saber quien tiene razón? Y si no entiendo de procedimientos ni de estadística, ¿cómo voy a saber que estudio es válido? Pensaré que cualquiera puede tener la razón o que seguramente la verdad se encontrará en algo intermedio y ambas partes tendrán algo de razón. Y aquí es cuando el Sr. de los Chakras da la puntilla, le pone un vestido bonito a su hipótesis con música Zen y unas explicaciones amables, sin fórmulas y sencillas (como cualquier mito siempre es: explicaciones falsas pero sencillas de comprender a problemas complejos) y se lleva la victoria. La gente quiere tener la certeza de saber. Y de esta manera “el saber” es accesible. Y total, cualquiera de los dos puede tener razón. Y una vez que ya “se sabe” algo, como hemos visto, cambiar de opinión no es fácil…

Colegas, nos empeñamos en divulgar Ciencia, en escribir libros de Ciencia, en dar charlas de Ciencia, en que la gente sepa de Ciencia. Y creemos que ahí está la clave. Y estamos completamente equivocados. No es esa la solución. Estamos construyendo un segundo piso sin haber asegurado el primero. La pieza clave es LA FILOSOFÍA. Y entiéndase Filosofía (en este caso) como: conocimientos en lógicas (Aristotélica, proposicional…) y pensamiento crítico y escéptico. ¿Cómo demonios queremos tratar de explicar la realidad que cada día vemos en: microscopios, tubos de ensayo, telescopios, etc… si: 1) ésta realidad no es accesible de manera directa para la mayoría de la población, 2) tenemos delante a otro grupo de personas que afirman exactamente lo contrario, y 3) no existe una correcta formación y divulgación en filosofía que permita un debate válido para diferenciar argumentos lógicamente correctos? Es IMPOSIBLE.

Por eso desde aquí mi alegato a la importancia de un mayor peso para la filosofía en las aulas, del entrenamiento en pensamiento crítico (sí, se ejercita) y de una dignificación y divulgación de la lógica.

Por favor, divulguemos libros como “El discurso del método” de Descartes.

A partir de ahí…. sigamos divulgando Ciencia

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