¿Percibimos el mundo tal como es?

El vínculo con el mundo exterior e interior ocurre a través de estructuras neurales especializadas: nuestros receptores sensoriales. Cuando hablamos de percepción consciente con respecto a lo que percibimos del mundo exterior ¿es una realidad o una “creación” que resulta como consecuencia de las características de nuestros órganos sensoriales?

Para contestar a esta cuestión, es imprescindible, primero, conocer cómo funcionan nuestros sistemas sensoriales.

Percibimos el mundo a través de los sistemas sensoriales, los cuales nos transmiten información del exterior (e interior) del organismo de 4 tipos:

  • Información de modo: la cual nos dice el “qué”. Qué es lo que está ocurriendo. Esta información depende del tipo de estímulo concreto y del receptor activado, es decir, de la naturaleza de la energía transmitida.
  • Información de la localización: nos indica el “dónde”. Dónde está ocurriendo. Esto lo obtenemos conociendo cuales son los receptores que han sido activados, dentro de todo el grupo de receptores disponibles.
  • Información de la intensidad: nos indica el “cuánto”. En qué cantidad está ocurriendo. Dependiendo del total de energía que se haya liberado al sistema receptor tendremos una mayor o menor percepción de intensidad.
  • Información de la duración: nos indica el “por cuanto tiempo”. Cuánto dura el estímulo. Viene definido por la diferencia entre el momento en el que empieza y el momento en el que termina.

Nuestros sistemas sensoriales están formados por estructuras especializadas, que podemos clasificar, básicamente y en función del tipo de energía que detectan, en: mecanorreceptores, termorreceptores, elctrorreceptores, quimiorreceptores, fotorreceptores. Éstos traducen la energía recibida en forma de estímulo en energía químico-eléctrica dentro de nuestro sistema nervioso. Esta señal es la que conocemos como “potencial del receptor”.

Posteriormente, a nivel encefálico, toda la información recibida a través de los sistemas sensoriales es estructurada, jerarquizada y analizada en contexto para dotarla de un “significado”. Es decir, realizamos una interpretación a más alto nivel.

Vamos a ver tres de los sistemas sensoriales principales:

  • El sistema visual está formado por un complejísimo entramado de órganos, conexiones y mecanismos: comienza en la retina, donde las células denominadas “conos y bastones” recogen información electromagnética de la luz y la transmiten mediante un complejo “cableado” al quiasma óptico, el cual haciendo uso del nervio óptico distribuye la información al córtex visual primario, donde esta es procesada con un preciso orden espacial y organizada en bloques denominados “blobs”.

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Cada área está especializada en el procesamiento de un tipo diferente de información visual (líneas con diferentes orientaciones: horizontal, diagonal, vertical; activan diferentes áreas de la corteza). También se analizan separadamente el movimiento y las formas geométricas.

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La corteza procesa entonces a más alto nivel toda esa información dividiendo las tareas en dos flujos neuronales localizados que analizan dos aspectos concretos: “Que” (zona temporal) y “donde” (zona parietal).

  • El sistema auditivo funciona como un delicado engranaje que comienza con la exacta ubicación de los huesecillos del oído interno, los cuales son capaces de transmitir, a través del tímpano, una transducción de una señal vibratoria del ambiente. Discriminando las diferentes frecuencias. En la propia cóclea del oído interno (caracol) las frecuencias de los sonidos son separadas y tratadas en diferentes canales y proyectadas a diferentes zonas del sistema nervioso, de manera que generan un “mapa auditivo” espacial. Las estructuras conocidas como cilios son las encargadas de liberar neurotransmisores al sistema nervioso. Sustancias químicas que activan la señal electro-química y que se corresponderá con la señal interna asociada a ese sonido. En ese impulso nervioso (o impulsos) tenemos información acerca de: el tono del sonido, su volumen, su timbre y su localización. Toda esta información llega al cerebro, más concretamente al córtex auditivo, donde es procesada. En esta corteza, situada en el lóbulo temporal, los sonidos también son mapeados en forma de mapa tonotópico.oido_completo 000244557
  • En cuanto al sistema somatosensorial, éste dispone de multitud de diferentes receptores:

Algunos especializados en detectar presión, otros temperatura, otros fricción, dolor o tensión en la piel (mecanorreceptores, quimiorreceptores, termorreceptores). Del mismo modo que en los sistemas anteriores, la información es traducida a impulsos nerviosos y estos llegan al cerebro, donde son dotados de sentido. En este caso la información cruza al hemisferio corporal (y cerebral) opuesto y es analizada por la corteza de sensibilidad somática, donde cada zona del cuerpo es procesada en un área concreta (áreas de Brodmann).

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Una vez analizado el funcionamiento de los sistemas sensoriales podemos contestar a la pregunta formulada inicialmente diciendo que: lo que percibimos NO es una realidad, sino una creación (o más bien recreación) de nuestros órganos sensoriales.

Los órganos sensoriales de los que disponemos, así como nuestro sistema nervioso, han sido el fruto de un proceso de evolución y selección natural que ha permitido que seamos capaces de “hacernos una idea” de como es el mundo que nos rodea, mediante unos sistemas de traducción de estímulos. Pero pensemos que lo que ocurre: a) el estímulo es captado por unos sensores con su correspondiente margen de error, b) es traducido a un impulso del sistema nervioso (traducción que implica pérdida de información), c) es interpretado por un cerebro que tiene sus limitaciones. Por lo tanto, parece obvio que difiere bastante de lo que realmente ocurre.

En cuanto a la diferencia de la naturaleza de lo real y lo percibido: Vemos ondas electromagnéticas codificadas en colores, pero realmente los colores no existen como tales, son simplemente formas de representarnos la realidad de diferentes ondas, los sonidos no existen como tales, únicamente existen vibraciones entre partículas, el azúcar no es objetivamente dulce sino que nosotros evolutivamente hemos desarrollado un sistema que nos produce esa sensación al consumir la glucosa para que la valoremos como fuente energética, los olores no existen más que como una forma de indicarnos que hay sustancias de determinado tipo a nuestro alrededor, etc etc… Podemos decir que en nuestra cabeza tenemos un “mapa” de lo que pasa a nuestro alrededor que se construye con las herramientas con las que disponemos (sean estas buenas, malas o regulares) y dicho mapa nos permite relacionarnos con nuestro entorno de una manera eficiente para lo que nuestra especie necesita, pese a que, obviamente, no seamos capaces de percibir todo lo que ocurre y tan siquiera de percibirlo con gran exactitud.

Las abejas, son capaces de percibir colores ultravioletas, porque para su vida es indispensable para distinguir diferentes tipos de flores y polen. Nosotros no podemos ver esa gama de colores. Existen animales que escuchan los ultrasonidos o cuya visión se basa en 4 canales en lugar de los 3 (RGB) que dispone la nuestra. Y como estos ejemplos tenemos miles de ellos que ilustran las diferencias sensoriales entre especies basadas en los umbrales sensoriales o las gamas de estímulos. Es por ello que no podemos afirmar que lo que percibimos es “la realidad”, sino únicamente una representación de la misma.

El filósofo prusiano Immanuel Kant ya trató este tema en el siglo XVIII, asegurando que la realidad percibida dependía notablemente del sujeto perceptor, de su experiencia y sus pensamientos.

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Actualmente la psicología cognitiva nos lleva un nivel más allá en este análisis. No sólo nuestra percepción depende de la naturaleza de nuestros sistemas sensoriales en sí, sino también de nuestra interpretación racional y emocional que viene determinada por el funcionamiento de nuestro cerebro, fruto de las experiencias pasadas, por nuestras emociones circunstanciales (la percepción se ve notablemente alterada en estados depresivos o de euforia) y por factores tan concretos como nuestro lenguaje (existen estudios que relacionan lenguaje con percepción) o nuestra capacidad y forma de categorizar y jerarquizar conceptos. Como es sabido, los esquimales, por ejemplo, tienen decenas de palabras diferentes para referirse al color blanco, dependiendo de la tonalidad de blanco, esto se debe a su entorno en el que la nieve lo es todo; pero ese lenguaje interactúa con la percepción y son capaces de percibir muchos más matices en esas tonalidades que cualquiera de nosotros.

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2 pensamientos en “¿Percibimos el mundo tal como es?

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  2. Queda muy bien citar a filósofos/as, solo pido que se haga con algo más de rigor: decir que según Kant la realidad percibida depende del sujeto, de su experiencia y pensamientos, es completamente inexacto y superficial; reduce a un burdo “todo es relativo” lo que en realidad fue un intento por justificar que es posible tener un conocimiento objetivo del mundo. Por eso también me parece un error terrible decir que la psicología cognitiva lleva el análisis de Kant a un nivel “más allá”. Simplemente, estamos hablando de cosas muy diferentes. Kant jamás va a interesarse por aspectos psicológicos de la percepción, pues estos pertecenecen al terreno de lo empírico, que precisamente queda mucho “más acá” de su proyecto.

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