Somos primates


Que el Homo Sapiens pertenece a los primates es algo que es un hecho, y no está en discusión por nadie, salvo por personas cuyo fanatismo religioso aún les ciega frente a la realidad y la evidencia científica (como paradójicamente ocurre en Estados Unidos, uno de los países que más aporta en los avances científicos y donde a su vez la población sigue pensando que la Evolución científicamente tiene el estatus de “creencia” y no de “ley”).

Cuando uno tiene, además, la suerte de haber podido convivir con primates tales como los chimpancés o los macacos, se da cuenta de que somos tan increíblemente similares, que sería imposible para un observador externo a este planeta diferenciarnos más que porque llevamos unos trozos de tela encima.

Objetivamente, si nunca hubieras visto un primate y te presentasen a un orangután y a un Homo Sapiens te sería tan complicado como diferenciar especies de hormigas si no eres experto.

Pero este post no va a tener un contenido científico. Es un post más bien emocional y de acercamiento a nuestros parientes más cercanos en el árbol evolutivo. Con cualquier animal de cualquier especie sobre la tierra (gusano, rata, mariposa) tú -querido lector- tienes un tatara tatara tatara …….. abuelo que fue el mismo para ambos. Con otros primates, simplemente, ese antepasado es más cercano en el tiempo. Y se nota. Vaya si se nota. Se nota tanto que quien sea capaz de ver las fotos siguientes que he ido recopilando y no vea en ellas lo que nosotros llamamos “humanidad” creo que no está siendo objetivo. Y el caso es que esa “humanidad” es algo excesivamente difuso, que se diluye (como lo hace nuestra propia identidad y ego) en un mar de semejanzas genéticas con nuestros primos, queridos primos: los monos.


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