La señora Botella tiene una discapacidad

Una vez pasado todo el cachondeo sobre el “Relaxing cup of café con leche in Plaza Mayor” es hora de ponernos serios y de analizar las cosas con la rigurosidad que merecen.

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La alcaldesa de Madrid, doña Ana Botella, tiene una discapacidad para el desarrollo de las funciones para las que ella misma se ha postulado. Como representante del pueblo se le requieren ciertas cualidades y ha de sortear ciertos compromisos y desempeñar ciertas funciones. En esta sociedad democrática (no entraré a valorar el grado de democracia de este sistema monárquico en esta ocasión) cualquiera puede ser representante político, cualquiera puede ser Presidente del Gobierno de la Nación, Presidente de una Comunidad Autónoma o Alcalde de una localidad (hasta Ana Botella). Eso es un valor fundamental de las democracias. La Constitución garantiza que ninguna persona carezca de esa oportunidad, ni sea discriminada por su condición. Usted puede ser Presidente, sea cual sea su ideología, raza, sexo, religión, tendencia sexual, etc. Incluso si usted padece alguna discapacidad. Puede ser Presidente.

Imaginemos que una persona con una discapacidad física que le limitase la movilidad alcanzase la Presidencia del Gobierno, cosa perfectamente factible y sin más inconveniente. Estoy seguro que haría uso de una silla de ruedas cuando lo considerase oportuno. Si una persona con deficiencia auditiva total ocupase ese puesto, apuesto a que no renunciaría a un intérprete de la lengua de signos para el correcto desarrollo de sus funciones. Pues bien, la señora Botella presenta una discapacidad para el desarrollo de las funciones que ha pretendido desempeñar; ya que la ausencia de conocimiento del idioma Inglés te incapacita para algunas cosas, entre ellas para hablar Inglés. Y si debes desarrollar esa función en tu puesto, y estas incapacitado para ello, debes buscar ayuda, sin vergüenza.

Todo lo anterior no sería un problema si aceptase esas limitaciones en lugar de obviarlas y hacer como si esa discapacidad no existiera. Si hubiese usado un intérprete, si no hubiese intentado patéticamente hablar un idioma que no conoce (a mi jamás se me ocurriría dar una charla en Ruso, por mucho que quiera), si simplemente hubiera mandado a otro representante del Ayuntamiento más cualificado que ella para esta labor. Pero no, aquí la humildad, la honestidad con uno mismo, y el sentido común, se ven eclipsados por la arrogancia en estas personas que forman parte de la clase política.

Y lo peor de todo esto, es que en la población ya reina un sentimiento de que todo vale, de que nunca pasa nada, de que una persona que te representa hace lo que le da la gana dejándonos en ridículo y nada se mueve más que un par de canciones al respecto, y ella, agarrada a su sillón y con la cabeza bien alta, tomando un “relaxing” café (será descafeinado al menos… ¿o es que tampoco sabe que la cafeína es un excitante?).

Anibal Bueno.

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