Nosotros y el universo [Fuente HdC]


Paulo Hernández, estudiante de filosofía y compañero en Hablando de Ciencia publicó recientemente un artículo que tuve el honor de revisar y me gustaría compartir con los lectores de este blog. Paso a reproducir el texto sin más:

Hace unos días empecé con El jardín de Epicuro del escritor francés Anatole France. Y me encontré con esta auténtica belleza de introducción que vale la pena leer entera:

Con dificultad podemos representarnos el estado anímico de un hombre perteneciente a otros tiempos que creía firmemente que la Tierra era el centro del mundo, ya que todos los astros giraban a su alrededor. Bajo sus pies sentía agitarse los condenados a las llamas, y hasta es muy posible que hubiese visto y olido el humo sulfuroso del infierno, filtrándose por algún intersticio de las rocas. Al erguir la cabeza contemplaba las doce esferas: la de los elementos, que contiene el aire y el fuego; después las esferas de la Luna, de Mercurio, de Venus, que visitó Dante el Viernes Santo del año 1300; luego, las del Sol, de Marte, de Júpiter y de Saturno; enseguida el firmamento incorruptible, del cual pendían las estrellas como lámparas. Su pensamiento destilando esta contemplación, exploraba más arriba, con los ojos del espíritu, el noveno cielo adonde los santos vivían en eterno arrobamiento, el primum mobile o cristalino, el Empíreo en fin, la morada de los bienaventurados, hacia el cual, y después de la muerte, dos ángeles vestidos de blanco (tenía en esto firme esperanza) conducirían como a un niño su alma lavada por el bautismo y perfumada con el óleo de los postreros sacramentos. En aquel tiempo no tenía Dios otros hijos que los hombres, y toda su creación estaba ordenada y dispuesta de una manera pueril y a la vez práctica, como una inmensa catedral. El universo así concebido era tan sencillo que se lo representaba totalmente, con su verdadera figura y su movimiento, en algunos grandes y pintados relojes de sol.

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