Fragmentos de EL GEN EGOISTA – Parte 1 – ¿Por qué hay gente?

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Fragmentos de EL GEN EGOISTA – Parte 1 – ¿Por qué hay gente?
Fragmentos de EL GEN EGOISTA – Parte 2 – Los replicadores

Voy a permitirme la licencia de comenzar la primera parte del análisis del gen egoista reproduciendo fragmentos de las primeras páginas de este capítulo.

Dice Dawkins: “La vida inteligente en un planeta alcanza la mayoría de edad cuando resuelve el problema de su propia existencia”. Afirma que si nos visitaran seres superiores de otro planeta, la primera pregunta que se formularían con el fin de valorar nuestro nivel de civilización sería “¿han descubierto ya la evolución?”.

Durante tres mil millones de años han existido seres vivos en nuestro planeta sin saber nunca por qué, hasta que uno de esos seres, Darwin, dió con la clave. Desde ese momento ya no existe necesidad de recurrir a ningún tipo de superstición o creencia extramundana para responder a parte de las grandes preguntas de la humanidad: ¿por qué existimos?, ¿cual es el sentido de la vida?, etc…. De hecho G.G. Simpson afirmaba rotundamente que para abordar este tipo de cuestiones debemos ignorar por completo todas las respuestas dadas antes de 1859.

Continúa Dawkins: “En la actualidad la teoría de la evolución está tan sujeta a dudas como la de que la tierra gira alrededor del sol, pero las implicaciones de la revolución de Darwin no han sido comprendidas, todavía, en toda su amplitud. La zoología todavia es una materia secundaria en las Universidades y no se le da el carácter filosófico que tiene … las humanidades siguen estudiándose como si Darwin nunca hubiese existido”.

Es curioso como en la era de la información, un cambio tan profundo como el que debería haber supuesto el descubrimiento de Darwin vaya calando tan lentamente en la humanidad. Está claro que la tradición, las religiones y la superstición juegan un papel fundamental para que esto sea así, no obstante se trata de una revolución imparable, como siempre lo es la verdad… Algo parecido ocurrió cuando Galileo advirtió que el geocentrismo aceptado hasta entonces no era real , la religión y las tradiciones una vez más no se rendían ante la evidencia científica, que por cierto es la única forma que tenemos de conocer lo que nos rodea, la ciencia.

De hecho, pese a que la teoría fue formulada a finales del siglo XIX, aún en muchas escuelas, por ejemplo en el estado de Texas (EEUU) no se estudia en los institutos y sin embargo si se estudia la teoría creacionista. Algo incomprensible. Para una mente que realmente busca la verdad y que ha comprehendido cómo funciona exactamente la evolución biológica y como se ha ido desarrollando sería imposible aceptar nada mas que tan brillante evidencia. Personalmente creo que es una teoría excepcionalmente bella, no por nada en particular sino por lo que nos revela; como dice Dawkins nos proporciona la respuesta a preguntas existenciales de la humanidad, ¡y es ciencia!, ¡está ahi!, podemos verlo, medirlo, calibrarlo, estudiarlo… Es una verdadera respuesta, no es una quimera. Es por eso que a la gente que comprende como funcionan los procesos evolutivos, tanto a nivel genético, molecular, como con una visión más amplia desde el punto de vista filogenético, es algo que acaba apasionándoles porque ven con sus propios ojos en los libros, en el laboratorio, etc… Qué es la vida, Por qué es la vida, Para qué es la vida… Y eso no tiene precio.

Como introducción a la teoría del gen egoísta explicaré brevemente que se trata ni más ni menos que de ser conscientes que nosotros, como cualquier animal albergamos millones de genes en nuestro interior, y algunos de ellos han sobrevivido generación tras generación durante millones de años. Esto nos lleva a pensar que para asegurar su supervivencia han tenido que ser “egoístas” y más “egoístas” cuanto más próspero y difundido se encuentre dicho gen. Esta cualidad egoísta dará lugar a un comportamiento igualmente egoísta en el animal (o humano) portador. Es cierto que el altruismo existe en determinadas ocasiones, pero siempre como estrategia egoísta.

Dawkins aclara llegados a este punto que él no defiende el egoísmo como forma de comportamiento social o moral, sino que simplemente explica cómo funciona la evolución y cómo se comportan los genes.

Definamos los términos altruismo y egoísmo que serán importantes a lo largo del análisis del libro: el altruismo en un ser vivo sería cuando éste se comporta de tal manera que contribuye a aumentar el bienestar de otro ser semejante a expensas de su propio bienestar. El egoísmo produciría exactamente el efecto contrario. Y definimos “bienestar” como “oportunidades de superviviencia”, aun cuando parezcan insignificantes.

Un ejemplo conocido de egoísmo que describe el libro es el canibalismo de las mantis religiosas. Las hembras devoran al macho tras la cópula, comenzando por arrancarle la cabeza durante la monta, de forma que consiguen una mayor actividad sexual (la cabeza no impide que continúe la cópula, sino todo lo contrario, el macho sin cabeza es más activo) y además una nutritiva fuente de alimento. Otro comportamiento egoísta descrito es el de los pingüinos de la Antártida, que antes de sumergirse en el agua ante el peligro de que haya focas alrededor, se sitúan en el borde e intentan empujar a sus semejantes para cerciorarse de que no hay peligro.

En cuanto a comportamientos altruistas tenemos el ejemplo de las abejas obreras, siempre dispuestas a clavar su aguijón contra los ladrones de miel. Muriendo tras ello en un acto púramente kamikaze y salvando así la reserva de alimentos de toda la colonia. También está el ejemplo de muchos pájaros pequeños que al divisar un predador tal como un halcón emiten un sonido de alarma que pone en preaviso a toda la bandada para que pueda escapar, obviamente fijando la atención del depredador en sí mismos. Los actos altruistas más claros y asombrosos en la naturaleza se dan entre padres e hijos y serán analizados en capítulos posteriores.

La teoría de la selección natural puede observarse desde diferentes niveles. Podemos hablar de selección de especies si asumimos que las especies con más individuos altruistas, que son capaces de sacrificarse por el resto, tienen más opciones de permanencia que las que poseen individuos egoístas. También podemos referirnos a selección de individuos, si aceptamos que es el individuo concreto el que debe presentar ventajas evolutivas que le hagan perpetuarse. Y como defiende Dawkins, se puede hablar de selección de genes, siendo estos los que luchan por sobrevivir a toda costa. La primera de las hipótesis es la tradicional y obsoleta ya entre los científicos evolucionistas. Será esta última opción (la basada en los genes) la que se analizará y explicará en esta obra. Aunque la selección de las especies podría dar mucho que hablar ya que presenta el atractivo de ser quizás la más próxima a nuestros ideales morales de sacrificarnos por los demas (nuestra patria, nuestra raza, etc…) defiendiendola de los ajenos a la misma así como justifica nuestro diferente rasero a la hora de medir, por ejemplo la ejecución de un ser humano o la ejecución de un pollo (al ser menos cercano a “nuestro grupo”); y quizas por ello sea aceptada por muchos didactas de la teoría evolutiva, no es la que vamos a tratar, ya que como he dicho, no es correcta o poca gente la considera ya así. Para concluir un dato curioso más que nos debería hacer pensar, y aunque ya me esté saliendo del tema para adentrarme en la ética filosófica. “A un feto humano, sin mas sentimientos que una ameba, se le conceden más derechos y protecciones que a un chimpancé adulto, cuando este último, siente, piensa y padece de forma extraordinariamente similar a la de un humano adulto” afirma Dawkins.

Para precisar un poco más los matices con los que Dawkins ha enriquecido la Teoría de la Evolución  aclararemos que él considera que “la unidad fundamental de selección, y por tanto de egoísmo, no es la especie, ni el grupo, ni siquiera, el individuo, es el gen.”

Para analizar y explicar esta teoría el autor comienza desde el principio, desde el propio origen de la vida, que será el tema tratado en el capítulo siguiente.

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