Muchas veces hemos oido la expresión “¡Que sabia es la naturaleza!”, sin embargo no hay nada más falso que esto como trataré de explicar a continuación.
Podemos definir a la naturaleza como el conjunto de materia física que compone el universo, más concretamente solemos hacer referencia a nuestro planeta y más concretamente aún al conjunto de seres vivos que lo habitan, han habitado y habitarán.
Pues bien, intentaré argumentar usando un ejemplo.
Se trata del camuflaje de determinadas lagartijas.
Este tipo de seres vivos (como muchos otros) son capaces de mimetizarse por completo con su entorno, llegando en algunos casos a obtener una calidad extraordinaria en sus disfraces. Existen mariposas cuyas alas no sólo tienen el color y la textura de las hojas de los árboles de su entorno sino que además poseen zonas que simulan los nervios de las hojas y hasta mordiscos de oruga.
Visto esto parece tentador atribuirle cierta inteligencia a la naturaleza. Además, ¿quién no se ha sorprendido al ver la estirada trompa de un oso hormiguero perfectamente diseñada para su función o el incesante golpeo de un pájaro carpintero de hasta 25 veces por segundo?.
Volviendo al caso de nuestro ejemplo (el de las lagartijas), sabemos que las primeras lagartijas carecían de camuflaje alguno, así como de otras características que poseen actualmente y que han ido desarrollando con el paso de los años.
Si nos paramos a pensar en los datos que estiman la existencia de vida en la tierra desde hace 2700 millones de años aproximadamente nos podemos hacer una idea del tiempo de desarrollo que han podido tener algunos ejemplos vivos que nos rodean. Analicemos el proceso evolutivo: Inicialmente tenemos una especie de reptiles que habitan un territorio y que no poseen camuflaje alguno. La apariencia externa de estos animales no será exactamente igual, algunos de ellos tendrán la piel más oscura, otros más clara, con manchas, sin ellas, etc… todo dependiendo de su dotación génica. Pues bien, en el ecosistema en el que habiten, para su desgracia existirán depredadores que consideren que las lagartijas son un buen alimento, por lo que comenzarán a ser devoradas. En una población de lagartijas, pongamos que, compuesta por unos 1000 individuos, por ejemplo, en un momento dado habrán sido devorados 200 de ellos, de los cuales podemos estimar que: 100 eran de color rojo, 50 multicolor, 30 amarillo, 10 naranja, 8 marrón y 2 verde. Se trata de datos de ejemplo, para que nos hagamos una idea. Los colores más llamativos, más fácilmente localizables son los que hacen más vulnerables a estos reptiles, por lo tanto son extinguidos con mayor rapidez. En una población mayor podemos suponer que el porcentaje, más o menos se mantendría y tengamos en cuenta que las lagartijas verdes, las más mimetizadas (por azar en este caso, ya que partimos de los primeros ejemplares) también son localizadas y aniquiladas por los depredadores, aunque en menor medida.
Es facilmente aceptable el hecho de que en un periodo de tiempo lo suficientemente largo las lagartijas de colores como el rojo o el amarillo en un entorno de bosque (colores marrones y sobre todo verdes) se habrán extinguido. No sólo porque hayan sido cazadas todas ellas sino porque no tenderán a nacer más, ya que los genes que implican el desarrollo de una pigmentación de esos colores también habran desaparecido junto con sus portadores de la población de estos reptiles.
Situemonos en el punto en el que, pasados miles de años, en nuestro ecosistema particular ya sólo han sobrevivido las lagartijas de color verde. Vemos ya una primera aproximación al camuflaje y a la supuesta “inteligencia de la naturaleza” pero realmente podemos observar que se trata de algo totalmente necesario y explicable. Pues bien, llegados a este punto los depredadores tendrían dificultades para encontrar alimento puesto que todas las lagartijas son ya del mismo color que el entorno. ¿Que ocurre entonces?. Pues lo que ocurre es que los depredadores también son animales y por lo tanto también se encuentran sujetos a las mutaciones genéticas y posibles variaciones que les permitan evolucionar. Hasta el momento, seguramente no hubiese habido mucha diferencia en cuanto a las oportunidades de sobrevivir de un depredador miope a uno sano, ya que las presas eran fácilmente identificables; pero ahora no es así, por lo que comenzará un proceso de extinción de estos depredadores teniendo como criterio discriminador la calidad de su sistema de visión, y si, a lo largo de x años un cambio genético hiciese que un nuevo individuo multiplicase x2 o x3 la claridad de vista o el reconocimiento de formas, éste sin duda se convertiría en un ejemplar con una esperanza de vida mucho mayor que sus congéneres, y con casi total seguridad, esta nueva característica surgida por azar se trasladará con el tiempo a la mayoria de la población, ya que los hijos de los individuos con estos genes tenderán a sobrevivir en mayor medida y con el paso del tiempo (cientos, miles de años) coparán todo el espectro de individuos.
Hagamos un breve paréntesis para matizar como surgen estas nuevas características. Se trata de un proceso no guiado ni intencionado, es puro azar. Un gen sufre una modificación por una mala transcripción del ADN, por una mutación ambiental (productos radioactivos, temperaturas elevadas, determinados compuestos químicos, etc…) y al ver modificada su secuencia de nucleótidos cambia su interpretación y su función. Esto puede provocar (volviendo a nuestro ejemplo): Desde un depredador con un cuerno en la frente (no influye en su alimentación), hasta un depredador con ceguera (se extinguiría), pasando por un perfeccionamiento de su visión (caso que hemos explicado y que supondría una ventaja evolutiva). Puesto que la causa es el azar se producirán mutaciones favorables, desfavorables y neutras. Las primeras son las que prevalecerán y se transmitirán a los hijos generación tras generación; las segundas provocarán la extinción del individuo y pasarán desapercibidas con el paso del tiempo ya que no podrán ser heredadas (quedarán como mutaciones perdidas); y las terceras podrán prevalecer o no, no importa.
Por lo tanto, por ejemplo, en el caso de las lagartijas, tras desaparecer las de todos los colores excepto las verdes en este hábitat, es probable que volviesen a surgir lagartijas rojas, que durarían muy poco, amarillas, con lunares, etc… pero sólo las verdes seguirían predominando y permaneciendo. También empezaría a ser valiosa alguna mutación que diese mayor camuflaje (un verde más parecido al de una hoja, con textura similar, con imitación de nervios de las hojas, de mordiscos de oruga, de zonas amarillentas de una hoja, etc….) cada una de estas características que pudiese surgir en un individuo fruto del azar será absorbida por la comunidad de forma natural por la propia selección evolutiva y por un proceso méramente matemático (menos muertos con determinada característica -> mas individuos aportan a la población).
Embarcados en esta dinámica pasarían cientos de miles, e incluso millones de años. Las presas incorporando a su fenotipo mecanismos de camuflaje más precisos. Los depredadores mejorando sus sentidos para la detección de las presas. Esto es lo que se denomina en biología “carrera de armamentos”. Tengamos en cuenta que no sólo ocurrirá a nivel visual, por ejemplo, los depredadores puede que desarrollen un sistema de detección de lagartijas basado en el olfato, entonces las lagartijas que menos olor desprendan serán las que sobrevivan, incluso si una mutación se lo permitiese pasarían a oler lo más parecido posible (poco a poco y por eliminación de individuos) a una hoja del árbol con el que convivan. Todo esto nos hace pensar que habrá ocasiones en las que si no se produce una mutación azarosa a tiempo que haga a una especie adaptarse (emitir menos olor o detectar mejor el olor) puede llegar a extinguirse, y efectivamente así ha sido a lo largo de la historia de los seres vivos en multidud de ocasiones.
Como ejemplo de carrera de armamentos típico está el de los leones y las gacelas, a lo largo de la historia ambas especies han desarrollado una velocidad punta cada vez mayor. Los leones que no corrian suficiente no cazaban y morían de habmbre. Las gacelas que no corrían suficiente eran cazadas y morían devoradas. Por lo tanto la genética que favorecía la veolcidad era heredada y cómo cada vez los depredadores corren más la velocidad de corte para escapar es mayor y como cada vez las presas corren más la velocidad de corte para comer es mayor…
Para terminar pondré un breve ejemplo de adaptación. Las cejas que tenemos los humanos (y otras especies hermanas nuestras) todos sabemos que sirven para que el sudor de la cabeza no nos caiga a los ojos. Otro diseño que parece meditado, pero no sigue más que la misma pauta que el color de las lagartijas; los homo sapiens (o la especie que fuese) que tuvieron una porción de gen mutada que hacía que les saliese pelo en esa zona podían escapar mejor de los depredadores, ya que no quedaban cegados por su propio sudor y por lo tanto ese código genético quedó en nosotros.
Puede que no sea el mejor símil, pero si colocas a 10 monos a golpear un teclado durante el suficiente tiempo al final acaban escribiendo el quijote por estadística pura. Esto es algo parecido a lo que ocurre con la evolución, es un proceso ciego y con muchisimos mas fracasos que aciertos (desde un punto de vista funcional) en su camino, pero que con el tiempo suficiente (millones de años) nos ha llevado a donde estamos a cada una de las especies de este planeta y que nos seguirá llevando mientras sigan existiendo los seres vivos.
Por todo esto, la inteligencia de la naturaleza no es tal. La naturaleza actua ciegamente, se equivoca mas de lo que acierta e incluso sus aciertos (mejoras genéticas) no vienen más que propiciados por fallos en la transcripción del ADN (mutaciones que dan lugar a la evolución).
Un enlace interesante: http://nucleodecenio.blogspot.com/search/label/adaptacion
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